domingo, 21 de febrero de 2010

Objeto y Sujeto del Arte Contemporáneo

Es problable que nos encontremos en una nueva fase del modernismo, en que la autorreflexión iniciada en Kant ponga a la conciencia artística en disolución, pero los relatos colectivos, las imágenes compartidas en el juego y el dolor de la vida, continúan ahí sin ningún ánimo de retirarse.  La destrucción del espacio de las artes visuales de nuestra época tiene como correlato una nueva sensibilidad hacia los problemas cotidianos. Cuando las realidades tecnocientíficas quedan huérfanas de una metafísica que las acompañe, la esencialidad de un arte hacia lo distinto, plantea las chances de complementar el mundo de la vida. Porque ontológicamente el arte contemporáneo más relevante cuestiona los logicismos de las teorías, que ven a los objetos artísticos contemporáneos como un signo, los formalismos que plasman gastados manifiestos, y coloca un borde entre lo humano y lo simbólico. Hablamos de reponer la experiencia en la praxis artística, una vuelta a la problemática de la temporalidad que desde el gesto inaugural de los impresionistas sigue aguijoneado la producción artística occidental.Valery hablaba de las producciones artísticas como objetos ambiguos. Desde ya ponía en tela de juego cualquier objetivo manifiesto del arte, y de la imaginación estética, en la idea de que los objetos artísticos son "cosas que el mar nos arroja a la orilla". Aunque parezca haber cierta vaguedad a primera vista podemos argumentar que el poeta francés establecía una acertada metáfora del nexo entre las elecciones de los artistas y el imaginario histórico-social. Ponía en primer plano la acción liberada del artista con respecto a un medio, que si bien puede contener los posibles e imposibles de su objeto, no puede en la concreción ser más que una posición en la obra. Una cualidad que presenta al núcleo que construye el mundo sociocultural y estético de cualquier fenómeno artístico: el cuerpo. Podemos coincidir con Duchamp en cuanto que los objetos artísticos contemporáneos socavan las dimensiones del creer y del juzgar, palabras más que odiadas por este artista-pensador, pero poco pueden hacer para demoler el ser que se manifiesta en la corporalidad. Al contrario invitan a la extensión plural del ser mundano y prosaico, y deja al sujeto soplar hacia donde quiera sin elidir la reflexión ni el placer.El arte en sí no funciona como documento sociológico, como ya lo probaron suficientemente el realismo socialista o el muralismo mexicano, y en cambio, tiene una valencia antropológica que revisa la praxis tanto en la poética (producción) como en la estética (recepción). Gadamer es quien analiza el objeto artístico en esta vertiente humanística y la coloca en los planos del juego (hacia la participación y la intersubjetividad), del símbolo (hacia la colectividad y la memoria) y de la fiesta (hacia la comunicación y simultáneamente a la indiscernibilidad).

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